Hoy me desperté y me di cuenta de que todo era justo como ayer.
Me levanté de la cama, fui al baño a beber un vaso de agua y a lavarme el rostro, bajé a la cocina y estaba el desayuno preparado por mi madre: huevos revueltos con pan y un café. Mientras comía y miraba a mi familia al rededor mío de la mesa, traté de imaginar como sería (o será) un día cualquiera si alguno de ellos desapareciera, pero no, sin reemplazo.
Para empezar, este no sería el desayuno, sino, algo más liviano como una leche y una manzana, algo que me preparo cuando estoy sola en casa. Y la verdad, es que tampoco estaríamos reunidos en las comidas, mi madre siempre es la nos invita a esto. No estaría mi hermana picando un poco las sobras de ayer ni mi abuela leyendo el periódico.
Me doy cuenta que por mísero e insignificantes que parezcan estas rutinas, no son hechas por personas así.
Uno no se da cuenta de las cosas que tiene, a veces, porque simplemente conseguidas como regalo de esta vida, y no por algo por lo que tengas que luchar o llamar la atención. Y son amigos, padres, llámalos como quieras, personas irreemplazables.
Bueno, todos somos reemplazables en esta vida, pero tú eliges con quienes quedarte.
Y la realidad de todo esto es que, inevitablemente todo esto desaparece. Hasta tú, lo quieras o no.
¿Pero porqué sentirse mal por eso? Es claro que en el algún momento (quién sabe cuando) morirás, quizás de la manera que menos esperas (quién sabe cómo) pero no es necesario que estés "preparado" para eso, es algo jodidamente natural a lo que todos nos enfrentaremos, Así que no te preocupes, cuando llegue la hora, deja que Doña Muerte te de un abrazo más cálido que esta vida.
Y que no te den nervios por los demás, si tú te vas, todos se van contigo, o viceversa, y es un hecho, no tengas miedo. Sólo ve y vive como si no hubiera un mañana en este efímero mundo.
Puedes dejar de vivir, pero no de existir.
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